Buenos días, Jesús, buenos días, Ignacio.
Como cada mañana te invitamos a un ratito de oración, a hacer un momento de silencio, a cerrar los ojos a que cojas aire por la nariz y lo expulses por la boca despacito varias veces. Comenzamos en el nombre del Padre…
Dale a Jesús y a Ignacio los buenos días y diles que quieres compartir con ellos este ratito de oración.
Tal vez alguno de estos días te ha costado ponerte a trabajar o a estudiar. Nuestra tarea es el estudio, para Ignacio fue algo muy importante. Al volver de Jerusalén Ignacio decide estudiar: latín, filosofía… está convencido de que, si quiere ayudar a los demás, entregar su vida a Jesús para construir un mundo más justo y más humano, tenía que estudiar.
Te lanzamos una pregunta, piensa… No respondas rápidamente.
¿Qué has aprendido en estos días?
Para terminar, oramos juntos:
Quiero darte gracias por cada una de las asignaturas que estoy estudiando, que me ayudan a crecer y a mejora mis capacidades, mi inteligencia, mis cualidades, mi imaginación y todo lo bueno que tú, Jesús, has puesto dentro de mí, para que lo saque con mi trabajo y esfuerzo.
Tú me has dado esas cosas buenas para que sea feliz usándolas y ayudando a los que tengo a mi alrededor. Ayúdame a cuidarlos, a ser constante en hacer mis deberes y a no desanimarme a pesar de las dificultades.
Hoy te ofrezco mi trabajo y te pido que sigas cuidándonos y protegiéndonos
en estos momentos.
Amén.
En el nombre del Padre….
¡Que tengáis un feliz día!


